Esta profesora nos contaba su gran ilusión por trabajar con proyectos en educación infantil en lugar de seguir empleando el modelo convencional, había tenido que luchar contra viento y marea, había tenido problemas debido a la contrariedad de sectores (padres/madres, compañeros/as, equipo directivo, inspector...) pero aún así, lo ha seguido intentando hasta conseguirlo, ha realizado muchos cursos de formación, ha leído montones de libros sobre proyectos, incluso ahora, nos contaba que, había decidido cambiarse de colegio por no poder trabajar por proyectos.
''No podría volver ahora a trabajar
con una editorial'' , nos comentaba Eva.
Algunas de las frases, dichas por Eva, para definir proyecto fueron las siguientes:
- Proceso de construcción de conocimientos sobre un tema a partir de experiencias vividas y que tienen una función educativa.
- Aprender a aprender.
- Lo que vives lo recuerdas siempre, no lo que tienes que estudiar.
- Lo imprevisto se torna habitual.
- Supone un cambio profundo.
- El alumno aprende a pensar y a aprender.
- Participación de la familia en el aula. (Talleres, cuentos, explicaciones, juegos, teatros...)
- Participan desde casa (Búsqueda y recopilación de la información, Preparación del material con sus hijos/as, aportación de material...)
Para despedirse, Eva nos contó una historia de Helen Buckley, y nosotras, hemos querido compartirla porque estamos seguras de que os hará reflexionar.
“EL niño pequeño”.
Una vez un niño
pequeño fue a la escuela. Era bastante pequeño y era una
escuela bastante
grande. Pero cuando el niño pequeño descubrió que podía entrar a
su
salón desde la puerta
que daba al exterior, estuvo feliz y la escuela ya no parecía tan
grande.
Una mañana, luego de
haber estado un tiempo en la escuela, la maestra dijo:
“Hoy vamos a hacer un
dibujo”. ¡Qué bueno!, pensó el pequeño. Le gustaba hacer
dibujos. Podía
hacerlos de todas clases: leones y tiburones, pollos y vacas, trenes
y
barcos; y sacó su caja
de crayones y empezó a dibujar.
Pero la maestra dijo:
¡Esperen!, aún no es tiempo de empezar y esperó a que
todos estuvieran
listos. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. ¡Qué bien!,
pensó el pequeño, le
gustaba hacer flores y empezó a hacer unas flores muy bellas con
sus crayones rosados,
naranjas y azules.
Pero la maestra dijo:
¡Esperen!, yo les enseñaré cómo. Y era roja, con el tallo
verde. Ahora, dijo la
maestra, ya pueden empezar. El pequeño miró la flor que había
hecho la maestra, luego
vio la que él había pintado, le gustaba más la suya, mas no lo
dijo. Sólo volteó la
hoja e hizo una flor como la de la maestra. Era roja, con tallo
verde.
Otro día, cuando el
pequeño había abierto la puerta desde afuera, la maestra
le dijo: “hoy vamos a
hacer algo con arcilla”. ¡Qué bien!, pensó el pequeño, le
gustaba
la arcilla. Podía
hacer toda clase de cosas con la arcilla: empezó a estirar y
revolver su
bola de arcilla.
Pero la maestra dijo:
¡Esperen, aún no es tiempo de empezar! Y esperó a que
todos estuvieran
listos. Ahora, dijo la maestra, vamos a hacer un plato. ¡Qué bien!,
pensó el pequeño. Le
gustaba hacer platos y empezó a hacer algunos de todas formas
y tamaños. Entonces la
maestra dijo, ¡Esperen!, yo les enseñaré cómo. Y les enseñó
cómo hacer un solo
plato hondo. Ahora, dijo, ya pueden empezar.
Y muy pronto, el
pequeño aprendió a esperar y a ver y a hacer cosas iguales, y
muy pronto no hacía
cosas de él solo.
Luego sucedió que el
niño y su familia se mudaron a otra ciudad y el pequeño
tuvo que ir a otra
escuela. Esta escuela era más grande que la otra y no había puerta
del exterior hacia el
salón. Tenía que subir grandes escalones y caminar un corredor
grande para llegar a su
salón.
Y el primer día que
estuvo allí, la maestra dijo: “Hoy vamos a hacer un
dibujo”. ¡Qué
bien!, pensó el pequeño y esperó a que la maestra le dijera qué
hacer.
Pero la maestra no dijo
nada, solo caminaba por el salón. Cuando llegó con el niño, le
dijo: “¿No quieres
hacer un dibujo?”, “Sí”, contestó el niño, “¿Qué vamos a
hacer?”.
No sé hasta que lo
hagas, dijo la maestra. “¿Cómo lo hago?”, preguntó el niño.
“Como
quieras”, dijo la
maestra. “¿Cualquier color?”, preguntó el niño. “Cualquier
color”,
dijo la maestra. “Si
todos usaran los mismos colores, ¿cómo sabría yo quién hizo qué
y
cuál era cuál?”.
“No sé”, contestó el niño y empezó a hacer una flor roja con
un tallo
verde.
''A veces es una pena, que los
niños/as estén robotizados en infantil. No crean ni realizan las
actividades que realmente quieren, sino lo que la maestra ordena en
cada momento.'' Eva Espigar.
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