Hemos querido publicar en nuestro blog este romance que tanto nos gustaba a las dos cuando éramos pequeñas y queremos compartirlo con vosotros para que de alguna forma os transmitamos un poquito de nuestra infancia.
¡Disfrutado !
¡Disfrutado !
Una vez tuve yo un gato
blanco y rubio, ¡tan monín!
Tenía el rabo así de gordo,
y se llamaba Serafín.
¿Qué pasa?, ¿De qué os reís?,
¿Es que un gato no puede llamarse así?
Es un nombre muy bonito.
Y, además, está puesto por mí.
Cada vez que se sentaba,
enroscado en su sillón,
al mirarlo desde lejos,
parecía un almohadón.
Una vez vino a mi casa
una amiga de mamá,
¡tan cortísima de vista,
que no veía hasta allá!
Gorda, gorda,
gorda como un balón,
y cada dedo, ¡Dios mío!,
¡parecía un salchichón!
Entró la vieja en la sala
con los lentes sin poner,
y en el sillón de mi gato…
¡zas!, allí se dejó caer.
Cada vez que lo cuento lloro,
Ya no puedo seguir más,
Aplastó a mi pobre gato,
por delante y por detrás.
¡Lo dejó hecho una torta!
¡Tan monín, tan monín!
¡Maldita la vieja gorda,
que aplastó a mi Serafín!

No hay comentarios:
Publicar un comentario